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Tres a uno
las
premisas imaginarias del hipermodernismo
Del deporte al arte, de lo publico a lo privado, de lo lúdico
a lo existencial, de lo banal a lo trascendente, y viceversa
Desplazamiento
de objetos de un contexto a otro y manipulación del registro
a modo de sugestión sutil o acción casi intangible.
He aquí dos de las estrategias con las que Darío Escobar
asegura el transito de significados hacia el fruidor. No obstante,
la extracción o sustracción de objetos y acciones
de sus contextos originarios no implica ruptura, al menos no en
toda la extensión de la palabra. La densidad de significados
o si se prefiere, la expresividad semiótica de sus piezas
radica en la sobre vivencia de los vínculos y conexiones
primarias durante el procedimiento de extrapolación (del
significante elaborado) de un campo a otro, de un contexto a otro,
en un proceso a veces simple y directo, a veces complejo e indirecto.
Separados,
sustraídos, desplazados, desterritorializados. Es así
como las esculturas de Escobar se manifiestan en el imaginario individual,
haciendo que la novedad y el ensanchamiento discursivo con técnicas
del ars barroco colonial y los métodos de producción
industrial, rebasen el plano de las certezas racionales, hacia el
continente de las sensaciones, los sentimientos, la pasión.
Las piezas dejan de formar parte de estructuras reconocibles, para
convertirse en símbolos impertinentes que cuestionan y desafían
las ambiciones y deseos concientes del espectador. En ultima instancia,
las piezas devienen interrogantes incisivas de la cultura del ser
feliz y la complacencia.
El
tema del deporte hace referencia a un ámbito conceptual en
el que los valores de la competición, la victoria y el éxito,
se apoderan de ciertos rincones de la intimidad del individuo. La
utilización de materiales preciados, como la plata repujada
y la lamina de oro, subrayan y ponen en crisis la aspiración
de contemporaneidad basada en el éxito (toda una idiosincrasia
en estos tiempos), mientras que el uso de elementos y técnicas
industriales banalizan sus mensajes.
Las
múltiples referencias a la ambición y el deseo intimizan
al objeto, convirtiéndolo a la vez en lo de adentro y lo
de afuera, hasta desvanecer las fronteras y confundir los limites
que median entre los valores establecidos y nuestros propios principios
y secretos morales. En cierto modo se convierten en los dos íntimos
de Gaston Bachelard, cuya superficie es dolorosa, en ambos lados
de la frontera. Y es dolorosa porque en la confrontación,
en la tensión resultante de esta doble naturaleza, se dibuja
la construcción del individuo en sociedad. Una construcción
de la que también participa el autor y de la que solo es
posible desligarse a costa del abandono de si mismo. El olvido,
la muerte.
El
aislamiento de los objetos de Escobar es virtual, así sea
en un catalogo de Internet o en el interior de una galería.
De hecho, forman parte de un cosmos visual y objetual que el artista
arranca de canchas de baloncesto o diamantes de béisbol,
para incrustarlos en la conciencia individual y colectiva, mediante
métodos subliminales, que utilizan o manipulan al fruidor.
De este modo, el mensaje arriba a una suerte de grado cero de la
conciencia, en las profundidades de la identidad.
La
vida como competición deportiva, los objetos como medio.
Estas piezas son destellos que desbordan al individuo medio, convirtiéndolo
en el arbitro central del partido de su propia existencia. Quien
aborda la obra de Escobar juega consigo mismo y con su (s) entorno
(s). Al final emergen cuestionamientos sobre los valores y pautas
de conducta que imponen el poder, los Medios, la sociedad.
El
juego de reducción-ampliación simbólica y densificación
conceptual que opera en el trabajo de Darío Escobar, adquiere
su expresión mas tentadora e inquietante cuando, sin violencia
aparente, convoca íntimamente a reflexionar sobre las premisas
del hipermodernismo.
*Emiliano
Valdés
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