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Valerse
del chuchaqui de la modernidad
Una obra de Lalimpia nunca está lista hasta que se expone;
insisto en pensar que la razón es que si dos cabezas piensan
mejor que una, mas aún siete. En los casi dos años
que he trabajado con Stéfano, Oscar, Ilich, Jorge, Ricardo,
Fernando y Félix, hemos mantenido un proceso creativo constante
con resultados temporalmente satisfactorios. Digo temporalmente
ya que en nuestros extensos laboratorios de ideas logramos conceptualizar
por completo una obra que, sin embargo, por inconformismos posteriores
sufre de persistentes innovaciones que culminan dando un vuelco
renovador a la obra -como mínimo- dos días antes de
la inauguración. Con ello hemos descubierto gratamente que
en estas obras, donde el ingenio aparece cuando el tiempo se nos
viene encima, las depuraciones finales son responsables de darles
un sentido aún más oportuno.
Desde
sus inicios Lalimpia ha mantenido posturas inquisitivas con respecto
a su contexto. En el 2003 en la muestra C6H5CH3-(NO2)3
se demuestra el descontento con la institución, exponiendo
como idea central el resurgimiento metafórico de la Casa
de la Cultura en una casa de árbol, luego de su destrucción
con semillas de dinamita. No menos crítica resultó
la obra Sin título ganadora del Premio París en la
VIII Bienal Internacional de Cuenca, en la cual adoquines translúcidos,
siguiendo el modelo de los utilizados en la regeneración
urbana, dejan entrever grillos que brillan congelados en su interior,
como íconos nada cultos de las carencias que se ambiciona
encubrir bajo el revestimiento armónico de Guayaquil luego
de su flamante "extreme make-over". Ahora en
mmm, Lalimpia se concentra en traer a la superficie reflexiones
sobre los puntos débiles que recluyen al arte en la ciudad,
en una especie de chuchaqui de la modernidad, inducido desde los
ejes culturales institucionales.
En
In urbi naturam, rememorando obras impresionistas como
"Un domingo en la Isla Grand Jatte" de Seurat o el célebre
"Desayuno en la hierba" de Manet, los asistentes acudieron
en sus mejores trajes para pasear por la llanura de césped
que irrumpía la galería, mientras se deleitaban con
una tacita de hierba luisa, cuidándose de no tropezar la
mala hierba que jubilosamente ornamentaba el terreno en blancos
maceteros. La frivolidad inicial de la inauguración se fue
disipando cuando los espectadores, muchos afectados por la falta
de cuadros, hicieron suyos los espacios de la galería sentándose
en rondas, sacándose los zapatos para caminar por la hierba
e infiltrando cerveza, emulando aún más los vicios
impresionistas. Por unas horas una de las ciudades con menos áreas
verdes de Latinoamérica, tuvo 321 m2 más de naturaleza
(el césped fue sembrado fuera de la ciudad), que en su aparente
armonía invitaban a esbozar una mirada crítica a los
planteamientos desfasados y superficiales que mantienen algunos
grupos frente al arte.
Inmiscuirse
entre cañas de cemento apuntalando el interior de la galería,
mientras como murmullo se repetía una melodía alegremente
sospechosa, despertó una experiencia de sutil inseguridad
para los asistentes a la segunda exposición. Las cañas
de cemento -que remiten a la gestación de Guayaquil tan íntimamente
ligada con la caña, tanto como a su regeneración y
su absoluta identificación con el cemento- al mismo tiempo
invaden y sostienen la arquitectura donde hoy se apuesta y confronta
el arte contemporáneo. Conjugando ésto con el Momento
Musical no.3 de Schubert, que se remonta a una época de asentamiento
de museos como el Louvre, presenta una construcción que con
una imagen de imponente sencillez, revela como arma noble, la poca
solidez de las instituciones culturales y la necesidad de otros
bosques que den un respiro renovador a la escena del arte en la
ciudad.
Suplentes
de la cultura pública extrae algunos de los modelos
más consumidos de lo que irresponsablemente aún se
presenta como arte contemporáneo. Los moldes de yeso, que
acompañan la pintura realizada en crayola, se logran de juguetes
que recrean elementos de ciertas obras de la modernidad ecuatoriana,
ampliamente digeridas por una mayoría orientada a aceptar
lenguajes visuales deslucidos por su repetición vacua y descontextualizada.
Los negativos de las piezas que conforman la obra, se arraigan a
la pared luciendo su blanca y gastada figura, entretanto su referente
de colores espera colgado, como acostumbra, al mejor postor.
In
urbi naturam y Otros bosques inician un proceso que se vale
de los espacios no convencionales de la galería, contrastando
con lo que se espera de una exposición en este medio, y que
culmina con la consciente utilización de la pared en Suplentes
de la cultura pública de la cual penden los referentes
de los que no se puede desligar una sociedad, que se sumerge bajo
preceptos implantados por estructuras incapaces de revalorizar la
cultura local. En estos tres miércoles, Lalimpia cierra un
ciclo que denota su agudo compromiso de proponer reflexividad a
través del arte, esta vez penetrando desde sus propios sistemas
y relaciones.
Pily
Estrada Lecaro
Guayaquil, 30 de Agosto del 2004
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