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Ante
la demagogia simbólica.
Por Rodolfo Kronfle Chambers 4-05-05
La
muestra De Jardines y Líneas Imaginarias de Manuela Ribadeneira
estará abierta en la Galería dpm hasta el 3 de junio.
Muchas prácticas artísticas recientes han asumido
la responsabilidad de generar narrativas que increpen las construcciones
históricas que se pretenden plantear sin fisuras, invulnerables.
Lo de Ribadeneira parte del reconocimiento mutuo del público
en algunos de nuestros referentes colectivos, compartidos sí,
pero asumidos en la experiencia personal de distintas maneras, que
van desde la indiferencia, hasta la crítica o la filiación.
Al poner sobre el tapete estos temas en el embalaje de la experiencia
estética la artista logra una inducción que propicia
un intercambio, y del cual podemos salir enriquecidos.
Esta
muestra de Ribadeneira nos puede llevar a meditar acerca de nuestra
noción de identidad. Identidad que en el País aparenta
no haber sido forjada por valores o ideales compartidos (ejemplo:
Liberté, Egalité, Fraternité), sino una construcción
mental que se refleja algunas veces en símbolos un tanto
arbitrarios. Así tenemos asumida la intangible línea
ecuatorial como "nuestra" (a pesar de que atraviesa muchos
otros países), hablamos de ella con sentimientos de jactanciosa
pertenencia como lo hacemos por ejemplo de las Islas Galápagos,
como si su riqueza fuese un logro fruto del tesón propio,
cuando en realidad constituyen avatares casi-aleatorios del destino,
en los que no se debiera depositar el orgullo.
Jugando
con la latitud
Coincidiendo
con los días de la última revuelta popular Ribadeneira
provocó una interesante situación al "trasladar"
el monumento de la Mitad del Mundo a la Casa de la Cultura en Quito.
Se trataba por supuesto de una reproducción escenográfica,
en la cual el público pudo, en experiencia directa, participar
de una "ceremonia" desterrada de su contexto original
(la toma de la foto), y al hacerlo generar nuevos contextos relacionales
que superan en sus posibilidades de afectación al más
convencional diálogo con objetos de arte.
La
colección de fotografías que se logró daba
cuenta de los interesantes protocolos que condicionan la manera
de interactuar con aquel hito, uno de ellos es la consabida pose
en que se mantiene los pies separados, cada uno asentado en los
sendos hemisferios y que constituye una suerte de rito de pasaje
ecuatoriano, que se promueve inclusive como actividad turística
de rigor, pero que en el fondo -al ser llevado a la incubadora del
plano artístico- se puede convertir en metáfora múltiple:
del rol que la ubicación geográfica juega en la conformación
de la identidad ecuatoriana, del terreno (posición) que cada
quien pisa, demarca o limita, respecto al Otro, del modelo de relaciones
centro-periferia aplicado a circunstancias políticas, sociales,
culturales, etc. Derivadas de aquel gesto surgen las pequeñas
esculturas de bronce que se encuentran desperdigadas por el piso
de la galería (Ver Fig. 1).
Huésped
ilustre
Relacionado
a esto Ribadeneira presenta además un trabajo titulado La
línea imaginaria en visita privada a Guayaquil (Fig.2) donde
con cierta dosis de humor enfatiza la relativa portabilidad -y posibilidad
de posesión- de lo "imaginario", al confeccionar
un dispositivo que permite enrollar o desenrollar una versión
física de dicho trazo y disponer de él a voluntad,
en este caso extendiéndolo desde el interior de la galería,
cruzando la calle hasta el parque de enfrente.
La
misma facultad de movilidad queda clara en un sencillo objeto cuadrilátero,
al poner sobre ruedas lo que aparenta ser una maqueta topográfica
colmada de vegetación. Esta magnífica pieza se carga
de un título que le confiere una densidad inusitada -Tiwintza
Mon Amour (Fig. 3)- que nos remite a un episodio mucho más
reciente de manipulación identitaria. Alude evidentemente
a la "genial" idea que solo pudo ser gestada en la más
febril negociación diplomática: la demagogia simbólica
que constituye aquel inútil kilómetro cuadrado calado
(¿o podado?) en el espesor de la selva; un premio consuelo
que transformó su estatus de llaga en piel propia para convertirse
en lunar de cuerpo ajeno, y donde a diferencia de la línea
imaginaria que divide el globo no podremos nunca ni sacarnos la
foto. Ribadeneira convierte este lote en mero souvenir de guerra,
al reducirlo -como si fuese tzanza- a una milésima de su
tamaño real.
El
concepto de esta muestra se decanta a partir de una anécdota
familiar: décadas atrás el abuelo de la artista intentó
enviar un telegrama desde Francia al Ecuador, obteniendo como respuesta
de la operadora un "aquello es imposible señor, el Ecuador
es una línea imaginaria". El decidor intercambio fue
sintetizado en la obra Asistencia en Línea, que consiste
de un par de teléfonos en cuyos parlantes se recrea aquel
diálogo (este trabajo se realizó en colaboración
con Nelson García, con quien la artista forma un reconocido
colectivo-empresa denominado Artes No Decorativas S.A.)
Y
a propósito de esta "anécdota semilla" quisiera
aquí resaltar algo importante de esta muestra, algo que considero
siempre un reto y un logro: el haber sorteado la dificultad de que
la obsesión, inquietud o preocupación privada haga
un tránsito exitoso a su presentación pública.
En aquel trayecto, en el cual mucha obra se queda a mitad de camino,
Ribadeneira logra hacer que la historia íntima resuene de
manera amplia, trascendiendo su impronta en lo personal para convertirse
en materia de reflexión colectiva. |