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Paseando por el Jardín de Mónica Millán
En el umbral del jardín taoísta de Pan-Yun-Tuan esta
sentencia: "La belleza penetra gradualmente". Esta misma
frase sirve de contraseña para entrar en el jardín
de Mónica Millán. La gradualidad ante todo, es consecuencia
del proceso de identificación, por empatía con la
naturaleza. En esta primera etapa, Mónica gesta su obra.
Es el fruto de la resonancia de lo exterior en el interior.
La
segunda etapa nos tiene a nosotros como protagonistas y consiste
en visitar ese jardín de Mónica, entrar en su privacidad
y conocer el límite entre lo bello y lo oculto (que por temor
muchas veces se nos hace siniestro) pero que ella nos lo revela
de tal manera que primero nos seduce y luego, gradualmente, entendemos
que entramos al dominio de su idioma visual donde ella a través
de la imagen ha bautizado de vuelta a su entorno misionero. Como
verdadera artista que es, nos regala los códigos que ha inventado,
de tal manera que así como se habla de las figuras humanas
de El Greco y de los zapatos y paisajes de Van Gogh, podríamos
referirnos a los reptiles, las vírgenes o las victorias regias
de Mónica, por ejemplo.
Su
jardín -bordado con hilo y aguja o con líneas y pinceles-
es justamente esa lengua de imágenes que ella ha inventado
para nominar por el milagro de la imagen al reino animal y vegetal
que le es afín. Y al hacerlo, disciplina a la naturaleza,
la cerca, la selecciona, la ordena. Por esto su jardín nos
revela su coincidencia frente a la selva. Este jardín privado,
este idioma secreto al cual, sin embargo, accedemos, es un jardín
del engaño.
Todo
en él es ficción, pero de la misma manera que lo son
todos los idiomas: crean sobre la -realidad- verdad, esa donde existen
las cosas, una superestructura ficticia donde ellas se alojan enmascaradas
de nombres. En esta realidad- ficción reside la mentira,
el engaño, pero también la creación artística.
El mentiroso aplica de manera engañosa un código;
el artista, en cambio inventa códigos en esa superestructura
formada por los nombres que imagina o por las imágenes que
crea para nombrar a las cosas. Es así que va haciendo su
jardín de engaños, donde se domestica a la naturaleza.
Mónica es consciente de ello y lo lleva al extremo, como
si su jardín fuese su visita al paraíso perdido.
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Luis Felipe Noé
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Texto tomado de el artista y curador Luis Felipe Noé, publicado
en el periódico argentino "El Territorio"
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