15 – Love y el Retorno de los Socios Psicópatas (muerte en semifinales), Roberto Noboa


10 – 30 Noviembre 2004

(J)oda a la burguesía

La última serie de pinturas, dibujos y objetos producida por el artista se exhibe en la Galería dpm hasta el 30 de Noviembre bajo el enigmático título de 15 – Love y el retorno de los socios psicópatas (muerte en semifinales). A través de los años la obra de Noboa se ha caracterizado por llevar una agenda a contrapelo de las manifestaciones artísticas más comunes del medio. Esta última serie no es la excepción. La primera impresión que nos da es de una frescura visual tan desconcertante como atractiva, que pone al espectador en la ineludible exigencia de intentar arrancar sus últimos propósitos.

Es en la dificultad de esta empresa -hermetismo que sin embargo no nos conduce a desechar sus imágenes como un juego insulso- en que radica el magnetismo de sus obras. Son imágenes que descolocan la razón, que cortocircuitan la interpretación directa y unidireccional al generar una falta de certezas en cuanto a tema, causalidad y trama. Intuimos que de ellas se desprenden varias lecturas que no solo juegan con lo autobiográfico sino que reflejan también una pérdida de fe en el hombre mismo (en el boletín de prensa se las plantea como metáfora de la diluida esencia del ser dentro del consumismo e individualismo del mundo contemporáneo), pero a mi criterio el definir un itinerario tan encauzado atenta contra las posibilidades de un tipo de pintura que se fortalece justamente en los cabos sueltos que deja.

Tenis, vikingos, gallinas y bovinos.

El lado crítico de Noboa no emplea narrativas lógicas, sino más bien sugerentes en su artificialidad, recurriendo al pastiche de lo propio, a la ironía y a la parodia. Un objetivo se muestra cierto: el enfrentar al espectador con un inquietante mundo que no le sea familiar. En su mezcla de códigos juega hábilmente con los pliegues de la realidad, sitio de conjunción entre lo observado conscientemente y lo experimentado inconscientemente, creando los que pueden ser vistos como paisajes psicológicos, sin caer en sesgos mágicos o pseudo poéticos.

El resultado deviene en una suerte de teatro de lo absurdo que refleja el diario vivir y donde acuden además varios de los elementos que ya constituyen leitmotivs dentro de su obra (como las gallinas o las canchas de tenis), y que ahora se insertan en un sistema iconográfico heterogéneo al sumarse otros imaginarios del mundo animal y de la cultura vikinga, cuyos instrumentos de batalla han sido asumidos también en la estética que proyectan algunas bandas derivadas del rock pesado, cuya simbología fue tema central en una serie anterior del artista.

El lenguaje que emplea es en cierto modo tan “light” como los tenistas que aparecen ensimismados en su juego, y tan alegre como los atractivos colores y el amanerado descuido con que desenfadadamente los retrata. Los deleitantes dibujos amplifican estas características en lo lúdico y experimental de sus construcciones. De esta forma, desde mi particular punto de vista, esta pintura que viste piel de cordero reserva sus garras para el público burgués incauto, cuyos consumos culturales lo predisponen a dejarse seducir sólo por la plácida visualidad, agresión subrepticia que disfrutará de manera perversa quien intuya que en la obra de Noboa muchas veces hay veladas intenciones.

Este tipo de trabajos puede evidenciar el palpitante potencial de la pintura para actuar como generadora de la subjetividad del artista, opción que siempre será válida mientras se perciba fresca, sincera y alejada de fórmulas.

-Rodolfo Kronfle Chambers

Comments are closed.