Abismo-Desierto-Mar, Pablo Cardoso


11 Noviembre – 11 Diciembre 2006 / dpm-MIA

“Observador, callejero, filósofo, llamadle cómo os parezca; pero es seguro que para caracterizar a este artista os veréis obligados a gratificarlo con un epíteto imposible de aplicar al pintor de las cosas eternas, o por lo menos más durables, de las cosas heroicas o religiosas.”
-BAUDELAIRE, El pintor de la vida moderna

Travesías / Transiciones

Nacido en Cuenca (Ecuador) en 1965, Pablo Cardoso es actualmente el artista ecuatoriano de mayor proyección internacional. En 2001, con motivo la VII Bienal de Cuenca, Cardoso presentó Geodesia, la instalación pictórica que inaugura la etapa de sus “travesías” y a la que el jurado confirió una Mención de Honor. Aquí ya aparecen algunas constantes de su obra reciente: el uso de fotografías desenfocadas –a la manera de las blurred paintings de Gerhard Richter o Gottfried Helnwein– como modelo de la pintura, la idea de la secuencia fotográfica y la elección del blanco y negro, estrategias que le permiten cierto distanciamiento analítico del dato real. Luego vendrán los ciclos 29.IV.02, 18.VI.02 (títulos que remiten a las fechas en las que el artista realizó dos caminatas dentro de su ciudad) y Lejos-cerca-lejos (2004), obras presentadas en las bienales de Gwangju (Corea del Sur) y Sao Paulo (Brasil). A estas seguirán las series Coordenadas (espléndida colección de paisajes marinos y selváticos), Sábanas, Abismo-Desierto-Mar (2006) y FF (2006). Todas ellas tienen en común partir del registro fotográfico que hace el artista en sus recorridos o viajes, para luego ser “re-contados” por medio de lo que Cardoso llama un “pincel literal”, esto es, un pincel que copia textual y pacientemente cada foto.

En estas obras, Cardoso desarrolla una secreta poética de los pasajes, los pasillos, las carreteras y los andenes, sitios de tránsito que devienen metáforas de la experiencia de la fugacidad; lugares susceptibles a las manifestaciones epifánicas. Cardoso exacerba la melancolía y el sentimiento de dejà-vu que envuelven a estos anónimos recintos enrareciéndolos y opacándolos –deslizando el foco–, como una forma de resistir a la inocua y estridente transparencia de los media, a la saturación visual que propician, a la velocidad de las autopistas realas y virtuales. Todo lo que procura, ante la pérdida de sustancia de la vida contemporánea, es devolver a los seres y las cosas su densidad, su misterio, su silencio, su lentitud y opacidad esenciales; de restituirlos a su plenitud óntica.

El trabajo reciente de Cardoso, realizado durante este año, y que constituye el centro de su exposición en la galería dpm, es la trilogía Abismo-Desierto-Mar. Estamos ante un ciclo de viajes que parten desde su casa hacia tres puntos cercanos en cuyo trayecto el paisaje cambia poco a poco hasta transformarse drásticamente. Estos lugares donde nada ocurre o nada parece ocurrir, devienen sitios propicios para que sucedan las revelaciones metafísicas. En estos paisajes de la otredad –que recuerden los paisajes desolados y melancólicos de la pintura romántica– dialogamos con lo otro: el vacío, la muerte.

Es posible establecer una analogía entre esta trilogía y el género cinematográfico del road-movie, donde los personajes se ven envueltos en una serie de acontecimientos exteriores. A diferencia de estos films, en las road-pictures de Cardoso todas las aventuras son interiores, son los avatares de la mirada fascinada con las mutaciones del paisaje, con las mudas de atmósferas y climas, pero también las tribulaciones de la conciencia que reflexiona sobre el flujo ininterrumpido de la vida.

El paso veloz y voraz del tiempo, junto a la necesidad por capturar su esencia, son quizá los grandes temas y móviles de este obsesivo y meticuloso artista.

-Cristóbal Zapata

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