Fantasmas en la maquina

31 Enero – 28 Febrero 2007

María Teresa Ponce, Dino Bruzzone, Esteban Pastorino y Jorge Miño

Esta es una exhibición de fotografías de inquietante extrañeza. Apoderadas por efectos o fuerzas que no son fáciles de explicar ni de reconocer, estas imágenes quebrantan el lugar seguro donde se ha acomodado e institucionalizado nuestra forma de observar. El permanente juego y tensión entre lo visible/invisible, oculto/evidente, presencia/ausencia, se traduce en la interrogante: ¿dónde empieza y dónde termina lo real? La ambigüedad se instala de tal manera que cualquier grado de familiaridad se expresa amenazante. Esta inestabilidad y vértigo en la imagen, son el resultado de exploraciones que cada artista realiza sobre las propiedades atribuidas culturalmente a la fotografía y su relación con las tecnologías que sustentan la reproducción mecánica de lo real. En el actual debate sobre la crisis de muchas formas tradicionales de representación social, la fotografía se ha visto afectada y revitalizada por estas disputas, pasando a ser un espacio privilegiado que revisa cómo y desde donde miramos.

Los intereses de María Teresa Ponce, Dino Bruzzone, Esteban Pastorino y Jorge Miño, van más allá de la captura de un instante a través de su sensibilidad. Juegan con las convenciones o parámetros estéticos y técnicos que toman parte en la representación. Es por esto que la relación que establecen con lo real, lejos de ser transparente o neutral, es compleja y distante, contaminada e intermediada por la preexistente cadena de imágenes dentro y fuera de la fotografía como arte. Para cada artista, las dimensiones del tiempo, espacio o movimiento son versátiles e independientes, liberando cualquier principio de identidad/unidad tan arraigados a la fotografía. De igual manera, si acuden a la creencia de objetividad o verosimilitud, lo hacen como una variable más a dislocar o manipular.

Estos estremecimientos en el medio sirven a los artistas para representar el mundo de manera intensamente extraña y familiar; catalizar diferentes preocupaciones de índole social y cultural, y colocar a la fotografía como el principal vehículo y depósito de sus investigaciones. La complicidad con otras disciplinas como la pintura, arquitectura o publicidad toma parte en este proceso que trasciende la autoreferencialidad del medio para ampliar su campo discursivo. La convergencia de motivos en la muestra puede ser sutil, como por ejemplo el lugar que cada artista concede a la naturaleza y a lo construido (en oposición y conflicto), o la mirada crítica, fascinada o escéptica hacia ciertos fenómenos de la modernidad.

En las imágenes de Dino Bruzzone hay algo que fastidia y fascina. La Casa del Puente (2004) es tan real como sobrenatural. También conocida como Casa sobre el Arroyo, vivienda paradigmática de la arquitectura racionalista en Argentina, proyectada y construida en Mar del Plata por Amancio Williams entre 1943-45. En este caso el esplendor, presencia, y totalidad de su forma en el paisaje y naturaleza, se desvanece incomprensiblemente ante nuestros ojos, deviniendo incorpórea y fantasmática.Y es que ni la naturaleza ni la realidad residen en las imágenes de Bruzzone. Son el resultado de su obsesivo empeño por fabricar lo real a través de maquetas que deberá dotar de vida a través de su manipulación manual y subsiguiente toma fotográfica. La maqueta, siempre oculta, asoma sorpresivamente, como un monstruo que nos devuelve la mirada, mientras la foto se cancela como ventana. Para cada imagen Bruzzone emprende este complejo proceso de operaciones que aspiran recuperar un instante perdido o ideal. Cada imagen es el resultado de investigaciones en diferentes fuentes visuales para reproducir y construir modelos, y las fotos cultivan el mandato de realismo y veracidad. La Casa del Puente de Bruzzone es más que una revisita o reconstrucción visual de lo real, es un gesto político y poético frente al estado actual de abandono, destrucción por un incendio intencional, por actos delictivos y por vandalismo, que está devastando esta otrora imponente obra del modernismo arquitectónico internacional.

María Teresa Ponce busca develar lo que se oculta bajo el paisaje. Para esto acude a las convenciones del paisajismo científico del siglo XIX, específicamente a las escenas de Rafael Troya, -ilustrador en expediciones de científicos alemanes-, encargado de pintar la topografía y geología del Ecuador. Ponce retoma las expediciones a la amazonía, sierra y costa del país, pero en este caso no ilumina la imponente amenaza de los volcanes, sino la menos visible e intimidante penetración y trayectoria del oleoducto ecuatoriano (SOTE – OCP). Para la artista “el oleoducto, al estar enterrado la mayor parte de su trayectoria, es básicamente invisible y por consiguiente perceptible como una ausencia siempre presente, como un sentido oculto, como una condición dada”. Rafael Troya manipulaba sus escenas para proveer la mayor cantidad de información “geológica” mientras la figura humana ocupaba un lugar residual. Ponce, al contrario, recalca las escenas cotidianas, -lo visible- que se desarrolla “al margende, encima de y entorno al oleoducto”. Por esta razón comprime el tiempo presentando varias actividades humanas de manera simultánea, las que en realidad acontecieron en diferentes temporalidades. La amenaza latente de estas imágenes, reposa en la fricción entre lo natural y lo artificial, lo velado y lo visible, la pobreza y la riqueza, la promesa y el olvido. La realidad del país, como un fantasma, a través de sus imponentes paisajes, se esconde y expone de manera insoportable. Ponce tiende un puente entre el pasado y el presente de la representación. Si la pintura refrendó una mirada eurocentrista, la fotografía devela condiciones poscoloniales.

Esteban Pastorino es un inventor de máquinas para observar el presente. Para esto suele reelaborar en artefactos y técnicas del siglo XIX, como por ejemplo en la estereofotografía que utiliza para sus prolíficas series panorámicas de pueblos de la pampa argentina o ciudades cosmopolitas. Pastorino no intenta, como en el pasado, utilizar estos medios para proveer una excepcional experiencia de realismo, sino que empuja y manipula su potencial técnico para representar los ritmos, movimientos y tránsitos del mundo contemporáneo. Para sus tomas aéreas ha fabricado una máquina que disuelve la perspectiva, el foco y la profundidad de campo tradicional. De esta manera, opera desde otra parte sobre la tecnología, y es a partir de estos giros, quiebres y dislocaciones en el uso “normal” de los dispositivos modernos de reproducción, que logra confrontarnos no con la objetividad, sino con un tipo de subjetividad contemporánea.

A través de sus tres tomas aéreas, nos lleva a un viaje desde un punto de vista elevado y superior, donde, sin embargo, nuestra visión no es transparente. Sobrevolamos, como en un sueño, o alucinando, y reconocemos el imponente y homogenizante desarrollo urbano, el desarrollo industrial, y detritus, como la otra cara de estas escaladas. ¿No es en estos estados alterados de conciencia dónde se producen las revelaciones, y donde podemos ver más, o más allá de lo que normalmente vemos?

La industria moderna, en decadencia y obsolescencia, fue responsable de complejos y estilizados diseños. Jorge Miño sucumbe y se fascina frente a los mecanismos de la industria Argentina e internacional. En un primer momento los retrataba con la (aparente) distancia y objetividad que promete la toma publicitaria-documental. Así realizó un espléndido catálogo visual enfatizando el carácter escultórico de piezas que fielmente todavía prestan sus servicios en la vida cotidiana (raviolera, cafetera, máquina de escribir, balanza). Las tres fotografías que se exhiben, pertenecen a su serie Movimientos de la Perfección (2005), y constatan que la documentación objetiva de estas maquinarias probó ser insuficiente. Miño inventa la manera de exaltar la forma y función de un taller industrial. Este taller, de elementos de precisión para encastres de gasoductos, requiere de grandes, complejas y pesadas maquinarias para pequeñas tareas. Como en los cuentos para niños, cuando todos se han dormido o marchado, las máquinas cobran vida y despliegan su violencia, elegancia, brillo y misterio. El deseo profundo de representación opera en su contra, las convierte en transparentes, espectrales y ausentes. La verdad pierde terreno y da paso al poder de lo falso. De este modo la modernidad regresa, y casi siempre como fantasma.

-María Fernanda Cartagena,
curadora independiente y editora de Latinart.com

Dino Bruzzone (n. 1965, Entre Ríos, Argentina) Vive y trabaja en Buenos Aires.
Arquitecto por la Universidad de Buenos Aires (1995). Realizó estudios de arte en el Programa de Becas coordinado por Guillermo Kuitca y con Juan Doffo. Obtuvo la beca de perfeccionamiento en la Cité Internationale des Arts, París y ha realizado estudios de fotografía, escenografía y color, y también ingeniería electrónica.Entre sus recientes muestras individuales se destacan: Stars en la Galeria Nara Roesler, San Pablo, Brasil (2004); Arquitectura Escéptica, Galería Dabbah Torrejón, Buenos Aires, Argentina (2005); Parque de atracciones, Galería Luís Fernando Pradilla. Madrid, España (2002); Parque de diversiones, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Argentina (2001). Desde inicios de los años 90 ha participado en numerosas exhibiciones y curadurías internacionales en varios centros de arte en América Latina, Europa, y Norte América. Expuso en la Bienal de Santiago de Chile (2002); Bienal de San Pablo (1999); Bienal Internacional de Venecia (1999), y la Bienal del Mercosur, Porto Alegre, Brasil (1999). Su obra integra las colecciones del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires; Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, Argentina; Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Chile; Museo de Arte Moderno de la Ciudad de Buenos Aires, y Museo Nacional de Bellas Artes, Argentina.

Jorge Miño (n. 1973, Corrientes, Argentina) Vive y trabaja en Buenos Aires.
Realizó estudios de Arte en la Escuela Nacional de Bellas Artes Rogelio Yrurtia, y en la Escuela Superior de Bellas Artes Carlos Morel, Buenos Aires, Argentina. Ha tomado cursos y talleres fotográficos dictados por Alejandro Kuropatwa, Martin Weber, Alberto Goldenstein, Fabiana Barreda, Nacho Iasparra y Pablo Vargas Lugo. Ha participado en varios salones de arte y entre las muestras colectivas se destaca su participación en: Currículo 0, Galería Ruth Benzacar Buenos Aires (2003); Galería Zabaleta Lab, Buenos Aires (2004); Mecanismos, Fotogalería Centro Cultural Ricardo Rojas, Buenos Aires (2004); Panoramix 05, Fundación Proa, Buenos Aires; Galería Buro Dijktra Art Gallery Rotterdam, Holanda (2005); 15 x 15, Galería Praxis, Miami, USA (2006). Recibió el II Premio ARTEBA Petrobrás de Artes Visuales y el IX Premio Federico Jorge Klemm, Buenos Aires (2006).

Esteban Pastorino (n. 1972, Buenos Aires, Argentina) Vive y trabaja en Buenos Aires.
Estudio Ingeniería Mecánica en la Universidad de Buenos Aires. Realizó estudios de estética fotográfica en los talleres de Juan Travnick y análisis de obra con Fabiana Barreda. Ha participado en residencias en Grecia, Ámsterdam y Madrid.Sus muestras individuales más recientes han sido en la Galería Dabbah Torrejón, Buenos Aires (2006); 3-D Photographs Do Not Bend Gallery, Dallas, Texas, USA (2006); Photographs, Galerij Erasmus, Rótterdam, Países Bajos (2006); Panorámicas, Galería MasArt, Barcelona. España (2006).Una selección de su participación en colectivas incluye: Discoveries, Fotofest, Houston, Texas, USA (2006);Puntos de Vista: Fotografía en la colección permanente de El Museo del Barrio, New York, USA (2005); Mapas abiertos, Fotografía Latinoamericana 1991-2002, Centro de Fotografía, Santa? Cruz? de? Tenerife, España (2005); Visions d’un mythe.Un siècle de photographie en Argentine, Maison de Radio France, París (2004). Su obra integra las colecciones de El Museo del Barrio, NY, USA; Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires; Museo de Arte Moderno de la Ciudad de Buenos Aires; Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, Argentina; Museum of Fine Arts, Houston, Texas; Santa Barbara Museum of Art, USA; Art Institute of Chicago, USA; Rijksakademie Van Beeldende Kunsten, Amsterdam. Países Bajos; Centre for Photography at Woodstock. NY. USA.

María Teresa Ponce (n. 1974, Quito, Ecuador) Vive y trabaja en Quito.
Arquitecta por University of Notre Dame, Southbend, IN. Obtuvo el MFA en Photography and Related Media, en la School of Visual Arts, NY, NY. Su instalación colaborativa La Marcha Llega, fue expuesta en8vo Mes de la Fotografía, Alianza Francesa; Casa de la Cultura, y Municipio, Quito, Ecuador (2005). Su instalación pública del video Mudanzas fue auspiciada por el Queens Museum, New York (2004) y su documentación exhibida en Cartografía del Deseo, Asociación Humboldt, Quito, Ecuador (2005). Su serie Deshabitados ha sido presentada en: Canal Isabel II, Madrid, España (2005); Alianza Francesa, Quito (2002); FotoEcuador II, y dpm arte contemporáneo, Guayaquil, Ecuador (2002). Ha recibido las siguientes distinciones: Paula Rhodes Scholarship Award, New York; Alumni Scholarship Award, New York; Aaron Siskind Scholarship Award, New York; Chairman’s Honors, SVA Topographical Irregulars, New York (2004), y en el VII Salon Nacional, Fundación El Comercio, Quito (2002). Su obra integra la colección del Queens Museum en Nueva York y la Fundación El Comercio en Quito, Ecuador.Actualmente coordina el Departamento de Arte y Fotografía de la Universidad San Francisco de Quito, Ecuador.

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